En este proyecto, Baumax fue parte del desarrollo de la solución constructiva utilizada en obra. Sobre esa experiencia conversamos con Rodolfo Terrazas, Director Ejecutivo de DVC, quien estuvo directamente involucrado en la ejecución del complejo y en la decisión de incorporar construcción industrializada para enfrentar las complejas condiciones de la cordillera. Al respecto comentó que “fue la decisión estratégica que nos permitió vencer la hostilidad de la cordillera mediante la planificación, precisión, velocidad e innovación de la construcción industrializada”, comentó.
Importante destacar que el Complejo Fronterizo Pichachén fue concebido como una obra de infraestructura pública estratégica y emblemática para el país. Su objetivo es consolidar un corredor fronterizo clave entre Chile y Argentina, potenciando el turismo, el intercambio comercial y el control migratorio en la zona. Pero levantar una obra de esta magnitud en plena alta montaña implicaba mucho más que resolver un desafío técnico.
A más de 2.000 metros de altura, en plena Cordillera de los Andes y bajo condiciones climáticas extremas, el Complejo Fronterizo Pichachén se transformó en uno de los desafíos constructivos más exigentes desarrollados recientemente en Chile. En ese contexto, este proyecto de la Constructora DVC que fue impulsado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP), no solo representa una infraestructura estratégica para la conectividad entre Chile y Argentina en la Región del Biobío, sino también un caso concreto de cómo la construcción industrializada puede marcar la diferencia en obras públicas de alta complejidad.
“El diseño original contemplaba muros estructurales y tabiques de hormigón armado ejecutados in situ. Pero al analizar las restricciones climáticas de la zona, como viento, lluvia, nieve y temperaturas bajo cero, entendimos que el método tradicional ponía en riesgo el cronograma completo de la obra”, explicó Terrazas.
La ventana de trabajo en cordillera era limitada y cada retraso podía significar perder toda una temporada de avance. Bajo ese escenario, DVC decidió replantear la estrategia constructiva e incorporar el sistema industrializado de Baumax, permitiendo desarrollar un esquema fast-track donde los paneles se fabricaban en planta mientras en terreno avanzaban las excavaciones y fundaciones.
“Gracias a esto logramos completar la obra gruesa de los edificios principales durante la primera temporada de trabajo, entre octubre y abril”, destacó.
Para Terrazas, uno de los mayores aportes del sistema fue la capacidad de reducir la incertidumbre en un entorno donde el clima cambia constantemente y las condiciones pueden volverse extremas en cuestión de horas.
“Reducimos al mínimo las horas-hombre expuestas a condiciones extremas. Además, la calidad del hormigón y las terminaciones robotizadas son difíciles de replicar con moldajes tradicionales en alta cordillera”, señala.
A eso se sumó un componente logístico relevante. En un entorno aislado y de difícil acceso, la industrialización permitió simplificar operaciones en terreno y disminuir significativamente el traslado y manejo de materiales dentro de una zona natural sensible.
Sobre este tema señaló que “el principal desafío era el aislamiento geográfico y la hostilidad del clima. El transporte cordillerano de materiales pesados y el curado tradicional del hormigón eran prácticamente inviables en los tiempos requeridos. Lo resolvimos trasladando gran parte de la construcción a la fábrica.
La coordinación técnica también fue determinante durante el desarrollo del proyecto. Desde DVC destacaron el trabajo conjunto realizado entre los equipos de ingeniería, diseño y montaje para adaptar la solución industrializada a las exigencias de una obra pública de esta escala.
“El apoyo fue de primer nivel. Un cambio de ingeniería de esta magnitud en una obra pública requiere una coordinación técnico-contractual muy exigente y Baumax estuvo presente durante todo el proceso”, afirmó Rodolfo Terrazas.
Tras la experiencia en Pichachén, Terrazas aseguró que volverían a trabajar con sistemas industrializados en futuros proyectos y planteó que este tipo de soluciones ya dejó de ser una alternativa complementaria para transformarse en una necesidad concreta de la industria.
“Para mí, la industrialización ya no es el futuro, es el presente obligatorio de la construcción. Es la herramienta más potente que tiene nuestra industria para mejorar productividad, reducir plazos, disminuir impactos ambientales y aumentar la seguridad de los trabajadores”, sostuvo.
Desde su mirada, obras públicas ubicadas en zonas extremas o de alta complejidad técnica requieren justamente este tipo de enfoques constructivos para asegurar calidad, eficiencia y cumplimiento de plazos.
“El Estado y el MOP tienen una gran oportunidad de liderar la modernización de la construcción impulsando soluciones industrializadas desde las bases de licitación. En zonas remotas o extremas, estos sistemas permiten asegurar calidad, eficiencia y cumplimiento de plazos”, concluyó.







